Skip to: Site menu | Main content

Editorial del Programa ECOS del día 9 de Agosto de 2025

 

Cayendo tan despacito que no nos damos cuenta

 

 

 

Leía el otro día un editorial que decía que la neurociencia sugiere que las personas podrían insensibilizarse ante el declive gradual de la democracia.
O sea, ir olvidando lo que estaba bien y era normal, por una nueva normalidad que antes, nos hubiera parecido mal o directamente un espanto.
Las dos autoras de ese editorial trabajan en el University College de Londres y del MIT, y en Harvard, respectivamente y se llaman Tali Sharot y Cass Sunstein. Ellos describen cómo fenómenos neurocientíficos y psicológicos, como la habituación y el juicio relativo, pueden llevar a las personas a insensibilizarse ante el declive de la democracia.
La habituación es la predisposición del cerebro a responder con menos intensidad a cambios graduales y estímulos constantes. Por eso, por ejemplo, después de estar un rato en una habitación, una persona puede dejar de notar el zumbido del sistema de climatización o el olor a pintura fresca.
La historia de la rana en el agua que se va calentando de a poquito.
Argumentan que cuando la democracia decae lentamente, las personas se van habituando a su erosión. Citan evidencia que sugiere que la frecuencia y la magnitud de las violaciones de las normas democráticas han ido aumentando con el tiempo y examinan cómo dicha repetición puede conducir a la habituación pública.
A medida que las acciones autoritarias ocurren con mayor frecuencia, las personas pueden desensibilizarse, aceptando gradualmente comportamientos que antes habrían provocado indignación.
Este cambio de percepción contribuye a la normalización de un nuevo statu quo menos democrático. Y yo pensaba en los temas ambientales. Si a usted, cuando era niño, le decían que iba a comer plástico, o que iba a comer comida con veneno, o que iba a respirar humos tóxicos, o que si bien había 1 caso de cáncer por barrio, luego iba a haber 40 casos… se hubiese espantado. Eso no es correcto, algo hay que hacer.
Pero ahora normalizamos que comemos plástico y que tenemos plástico circulando y metiéndose en nuestros tejidos del cuerpo. Normalizamos que la verdura viene con agrotóxicos, que el sillón viene con químicos cancerígenos, que a un científico que denuncie algún problema sanitario derivado de alguna industria lo echan del trabajo, normalizamos que en los peces más grandes como el atún suele haber mercurio, que nadie sabe qué hacer con la basura radiactiva, pero eso no importa, cualquier cosa la enterramos y listo. Normalizamos la diabetes, la celiaquía, el cáncer en muchas formas, las alergias. Una vez alguien dijo que una ideología triunfa cuando se convierte en sentido común. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? ¿Volveremos a ver a la normalidad hecha de salud y buen vivir? ¿Lo haremos alguna vez? ¿O ya será demasiado tarde?